
ARTÍCULO DE OPINIÓN.
Según margarita cedeño dice que $1000 en el gobierno del pldría más que en el de Luis
¿RENDÍA MÁS EL DINERO O SE DESPILFARRABA MEJOR?

Las recientes declaraciones de la exvicepresidenta y ex primera dama Margarita Cedeño, asegurando que en los gobiernos del PLD “mil pesos rendían más que hoy”, han generado una mezcla de escepticismo, molestia y rechazo en amplios sectores de la población dominicana. No se trata solo de una comparación económica; es una afirmación cargada de memoria política, ética pública y coherencia histórica.
Es cierto que el poder adquisitivo cambia con el tiempo y que la inflación golpea con fuerza a los bolsillos actuales. Sin embargo, reducir el debate a esa simple comparación ignora un elemento clave: la forma en que se administraron los recursos del Estado durante esas gestiones. Y es ahí donde la credibilidad del mensaje comienza a resquebrajarse.
Durante su paso como primera dama, Margarita Cedeño fue duramente cuestionada por el alto nivel de gasto público asociado a su imagen y agenda internacional. Era de conocimiento público que no repetía vestimentas, que para actividades oficiales se rentaban aviones privados para ella y su comitiva, y que los alojamientos en el extranjero solían ser hoteles de lujo, con costos elevados asumidos por el erario. Todo esto ocurría en un país con profundas desigualdades sociales, hospitales carentes de insumos y escuelas con múltiples necesidades.
Ante ese historial, surge una pregunta inevitable:
¿Cómo podía rendir más el dinero en una gestión marcada por el despilfarro, el lujo oficial y el uso excesivo de recursos públicos?
Para muchos ciudadanos, estas declaraciones no solo carecen de autocrítica, sino que resultan ofensivas. La percepción popular es clara: el dinero no rendía más; simplemente se gastaba sin control y sin consecuencias políticas inmediatas. La aparente “abundancia” de entonces estaba sostenida por endeudamiento, clientelismo y una débil fiscalización del gasto público.
Hoy, aunque el costo de la vida es más alto y los retos económicos son evidentes, existe una ciudadanía más vigilante, más crítica y menos dispuesta a aceptar narrativas que ignoran el pasado reciente. Por eso, lejos de generar consenso, las palabras de la exvicepresidenta han reavivado el recuerdo de una élite política desconectada de la realidad del pueblo.
En conclusión, la población no parece estar de acuerdo con esa afirmación. Más bien, la repudia cuando viene de figuras asociadas a una etapa de excesos y privilegios. Porque el verdadero rendimiento del dinero público no se mide en discursos, sino en austeridad, transparencia y resultados reales para la gente.



