
UN CONTRASTE POLÍTICO: LOS LEONES DE LA POLÍTICA.

Para nadie es un secreto que, en los últimos tiempos, se ha observado con marcada frecuencia al ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Víctor “Yayo” San Lovatón, al alcalde del Distrito Nacional y eventual presidenciable, David Collado, y al presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, coincidiendo juntos en distintos escenarios públicos y políticos.
En política, como en la vida misma, existe un viejo refrán que resume muchas realidades: “ave del mismo nido anda junta”. Y en la República Dominicana, donde los gestos, las presencias y las ausencias suelen hablar más que los discursos, estas coincidencias no pasan desapercibidas.
Históricamente, cuando dentro de un partido se generan simpatías, alianzas tácitas o proyectos compartidos, estas terminan reflejándose de manera natural y reiterada. No es casualidad. Es una señal. Y en este caso, la señal parece bastante clara: tanto Alfredo Pacheco como Yayo San Lovatón estarían enviando un mensaje político interno y externo, dejando entrever un respaldo firme a la figura de David Collado con miras al proceso presidencial de 2028.
Si esta lectura es correcta, la pregunta obligada es:
¿Cómo se reconfigura el escenario político dentro del Palacio Nacional y su equipo más cercano?
¿Existe ya una fórmula política diseñada para enfrentar a un candidato que no solo goza de una alta popularidad interna y externa, sino que además comienza a proyectarse como un eje de convergencia entre liderazgo político y sectores influyentes del poder empresarial?.
David Collado no es un actor improvisado. Su trayectoria, su posicionamiento mediático y su conexión con sectores estratégicos lo colocan en una categoría distinta. Cuando figuras clave del Congreso y del tren gubernamental comienzan a orbitar en su entorno, el tablero político se mueve inevitablemente.
En este contraste político emergen “los leones de la política”: actores que no rugen en solitario, sino en manada; que entienden el poder como estructura, como alianza y como proyección a largo plazo. La política dominicana, una vez más, parece entrar en una etapa donde las señales pesan tanto como las decisiones, y donde el 2028 ya comenzó a jugarse antes de tiempo.
El tiempo dirá si estas coincidencias son simples afinidades circunstanciales o el preludio de una estrategia cuidadosamente diseñada. Pero una cosa es segura: cuando los leones caminan juntos, todo el sistema político presta atención.



