
ENTRE EL PODER, LA ESPERANZA Y LA EXCLUSIÓN:
UNA MIRADA FIRME Y RESPONSABLE DESDE LA BASE PARTIDARIA
Artículo de opinión.

En los últimos años de gobernabilidad en la República Dominicana se han observado comportamientos claramente distintos en la forma de ejercer el poder, alejados de las prácticas políticas que históricamente conoció el pueblo dominicano.
Durante décadas, los presidentes solían realizar cambios frecuentes en los cargos públicos, permitiendo la rotación de funcionarios y la integración de equipos políticos que habían trabajado para alcanzar el poder.
No obstante, en el escenario político actual se ha impuesto un modelo diferente, uno que ha sorprendido tanto a la ciudadanía como a las propias estructuras partidarias.
Este nuevo accionar, aunque legítimo desde el punto de vista constitucional, ha generado tensiones reales a lo interno del partido gobernante.
Es una realidad innegable que existen compañeros y compañeras de la base que no han sido tomados en cuenta, así como equipos políticos completos que, pese a haber realizado un trabajo arduo y sostenido para que su partido llegara al poder, no cuentan hoy con respaldo institucional ni espacios de participación en ministerios, direcciones u organismos del Estado. Esta situación los coloca, de manera contradictoria, fuera de base dentro de su propio gobierno.
Este escenario provoca desesperanza, malestar y desmotivación, sentimientos que no pueden ser ignorados si se aspira a mantener un partido fuerte, cohesionado y con vocación de continuidad. Resulta cuesta arriba aceptar que, aun perteneciendo al partido de gobierno, muchos sigan excluidos de toda dinámica de poder y decisión.
La percepción que se genera es delicada: pareciera que las oportunidades de participación política se concentran en sectores específicos, mientras otros, igualmente comprometidos, quedan relegados por no pertenecer a los espacios tradicionales de designación. Esta realidad no fortalece al partido ni consolida la esperanza de su militancia.

Surge entonces una interrogante necesaria y responsable:
¿Puede un partido sostener su liderazgo y seguir siendo una tendencia de poder cuando una parte importante de su base se siente excluida y no reconocida?
Desde una posición firme, pero constructiva, entiendo que este modelo no contribuye al fortalecimiento interno ni a la renovación del compromiso político de la base. Por el contrario, debilita el vínculo entre la dirigencia y quienes sostienen el partido en los territorios, en los barrios y en las comunidades.
Reconozco, con absoluto respeto, que no me corresponde cuestionar las designaciones del Excelentísimo Señor Presidente Constitucional de la República, Licenciado Luis Rodolfo Abinader Corona, quien fue elegido democráticamente por la voluntad soberana del pueblo dominicano. Sin embargo, también es válido expresar que los tiempos cambian y la política debe evolucionar, incorporando visiones más inclusivas, equitativas y sensibles al esfuerzo colectivo.
La gobernabilidad no solo se sostiene desde las altas esferas del poder, sino desde la base que cree, trabaja y defiende un proyecto político. El bienestar colectivo de esa base debe ser parte esencial de la estrategia de gobierno y de partido. El reconocimiento político no debe verse como un privilegio, sino como una consecuencia natural del trabajo, la lealtad y el compromiso demostrado.
Aún hay tiempo para corregir, reencontrarse y fortalecer. Escuchar a la base no debilita; por el contrario, legitima, consolida y proyecta futuro.
He dicho.



