
ASPIRACIONES POLÍTICAS EN EL PARTIDO REVOLUCIONARIO MODERNO (PRM): ¿DERECHO COLECTIVO O PRIVILEGIO DE UNOS POCOS?

En una era donde la democracia se define por la participación, la inclusión y el respeto a los derechos políticos, resulta preocupante observar cómo, dentro de una organización que nació bajo la bandera del cambio y la apertura, se pretenda limitar el legítimo derecho a aspirar de muchos, en beneficio de unos pocos.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) se concibe, en esencia, como un partido de todos y para todos. Un instrumento democrático creado para canalizar ideas, liderazgos y propuestas que fortalezcan la institucionalidad y la gobernabilidad del país. Por tanto, aspirar a una posición política no debe ser visto como una osadía ni como una amenaza, sino como un ejercicio legítimo de participación partidaria, siempre que se haga con respeto, trabajo y compromiso.
Sin embargo, en la provincia Barahona y, por extensión, en la región Enriquillo, se percibe una peligrosa práctica: la intención de secuestrar el partido, de convertirlo en una propiedad privada donde solo algunos “autorizados” pueden aspirar, decidir y dirigir. Esta conducta no solo contradice los principios democráticos del PRM, sino que debilita su estructura interna y erosiona la confianza de la militancia.
No puede llamarse democracia institucional ni partidaria a un modelo donde se cierran las puertas a nuevas figuras, a jóvenes con visión, a dirigentes comunitarios y a líderes emergentes que desean sumar, aportar y fortalecer al partido como organización mayoritaria. Defender los intereses de unos pocos en detrimento del derecho colectivo es, sencillamente, antidemocrático.
Un partido fuerte no se construye desde la exclusión, sino desde la competencia sana, la pluralidad de ideas y el respeto al derecho a aspirar. Las aspiraciones políticas no tienen dueños, y ningún grupo, por influyente que se crea, puede erigirse como guardián absoluto del futuro partidario.
De cara al presente y al futuro, el PRM necesita más apertura, más diálogo y menos imposiciones. Necesita entender que permitir que todos los que tengan méritos, trabajo y respaldo puedan aspirar no debilita al partido, lo fortalece. La democracia interna no es una concesión: es una obligación.
En Barahona, en la región Enriquillo y en todo el territorio nacional, el mensaje debe ser claro: el partido es del pueblo, no de pequeños grupos, y el derecho a aspirar es una conquista democrática que no puede ni debe ser arrebatada.
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