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DEBEMOS PROTEGER NUESTRA NACIONALIDAD DEL PELIGRO QUE SE AVECINA

A 213 AÑOS DEL NATALICIO DE JUAN PABLO DUARTE, LA DEFENSA DE LA IDENTIDAD NACIONAL ES UN DEBER INNEGOCIABLE

DEBEMOS PROTEGER NUESTRA NACIONALIDAD DEL PELIGRO QUE SE AVECINA.

A pocas horas de conmemorarse los 213 años del natalicio de Juan Pablo Duarte, padre fundador de la República Dominicana, el sentimiento que embarga a muchos dominicanos no es solo de orgullo patriótico, sino también de profunda preocupación. Duele decirlo, pero más duele callarlo: hoy nuestra nacionalidad parece estar bajo asedio, no por la convivencia entre pueblos, sino por la irresponsabilidad y la falta de firmeza institucional frente a quienes vulneran nuestras normas.

En los últimos días han salido a la luz escándalos y denuncias que apuntan a prácticas irregulares dentro de organismos llamados precisamente a resguardar la identidad nacional. Señalamientos que involucran a empleados o vinculados a la Junta Central Electoral, donde presuntamente se habrían facilitado documentos de identidad a ciudadanos haitianos en condición migratoria irregular. Si estas denuncias se confirman, estaríamos ante una traición directa a la patria y al legado de Duarte.

Es necesario decirlo con claridad: defender la soberanía y la identidad nacional no es racismo. Cada país del mundo tiene leyes, normas y procedimientos que regulan quiénes son sus ciudadanos y bajo qué condiciones se accede a la nacionalidad. Exigir que se respeten esas reglas no es odio, es sentido de Estado. La República Dominicana, como nación libre, soberana e independiente, no puede ni debe permitir que su identidad sea utilizada de manera arbitraria, mercenaria o al antojo de intereses particulares.

Juan Pablo Duarte nos enseñó que la nación no es una abstracción, sino un compromiso permanente con la dignidad, la legalidad y el sacrificio. Hoy, honrar su natalicio no consiste solo en colocar ofrendas florales o repetir discursos, sino en defender con firmeza los valores que dieron origen a la República. Eso implica instituciones fuertes, funcionarios íntegros y una ciudadanía vigilante que no tolere la corrupción ni la complicidad.

Si permitimos que la identidad dominicana se negocie, se venda o se diluya, estaremos fallándole no solo a Duarte, sino a las generaciones futuras. Este es un momento para la reflexión, pero sobre todo para la acción responsable del Estado. Porque la patria no se hereda: se defiende todos los días.

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