NacionalOpiniónPolítica

LIBERTAD DE EXPRESIÓN BAJO AMENAZA: EL MIEDO DEL PODER A LA VERDAD.

IMPACTOS POLÍTICOS, SOCIALES Y DEMOCRÁTICOS DE SILENCIAR LA CRÍTICA CIUDADANA

 

QUIEN TEME A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, TEME A SUS PROPIOS ACTOS.

No hay que adornarlo ni suavizarlo: cuando el poder le teme a la palabra, es porque la palabra desnuda verdades incómodas. Nadie que actúe con transparencia se inquieta ante la crítica; nadie que gobierne con decencia necesita amordazar voces.

La libertad de expresión no es un favor del Estado ni una concesión graciosa del poder. Es un derecho fundamental que existe precisamente para vigilar, denunciar y confrontar a quienes toman decisiones públicas. Cuando se intenta limitarla, regularla con ambigüedades o castigarla con leyes “preventivas”, lo que realmente se busca es blindar abusos, errores y corrupciones.

Quien teme a la libertad de expresión no teme al caos ni a la mentira; teme a la verdad. Teme a que se señalen contratos turbios, decisiones arbitrarias, silencios cómplices y privilegios mal habidos. Teme a que la ciudadanía piense, cuestione y compare.

La historia es clara y no admite discusión: todo régimen que comienza censurando termina reprimiendo. Primero se persigue al periodista, luego al comunicador independiente, después al ciudadano común. El silencio impuesto nunca ha sido sinónimo de orden, sino de miedo.

Defender la libertad de expresión no es defender el insulto ni la difamación. Es defender el derecho a preguntar, a investigar y a denunciar sin represalias. Es defender la democracia en su forma más básica: la del pueblo que habla sin pedir permiso.

Por eso, la frase no es una consigna vacía, es una sentencia moral y política: quien teme a la libertad de expresión, teme a sus propios actos. Y cuando alguien teme tanto, es porque sabe muy bien que no podría sostenerse a la luz de la verdad.

Related Articles

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button